MÚSICA, CEREBRO Y EMOCIONES

Las artes proporcionan al artista y a quienes tienen contacto con sus obras, diferentes experiencias, algunas agradables o placenteras, y otras no. Son un medio fascinante para abordar el funcionamiento del cerebro, comprender el proceso creativo, en el caso de la música, además del anterior el interpretativo, y el impacto en el espectador.

El interés por investigar sobre estos temas dió origen a un nuevo campo en la neurociencia denominado “Neuroestética” que busca evaluar científicamente las bases biológicas y neurales de la creatividad, la belleza y el amor. En ella se produce una conjunción entre ciencia, arte y filosofía para responder a cuestiones fundamentales de lo que es ser humano.

Las diferentes artes han sido estudiadas desde la neurociencia, pero la mayoría de trabajos se centran en la música y la pintura. 

En las siguientes notas se presentan los principales hallazgos en relación a la relación existente entre música y neurociencia (Figura 1).


Figura 1. La fascinante conexión entre el cerebro y la música. Fuente: https://www.unh.edu/unhtoday/2018/05/music-their-brains


Música y cerebro

La música produce modificaciones verificables en el cerebro que a su vez implican cambios en otros órganos del cuerpo. Podemos afirmar con certeza que existe música para prácticamente todas las actividades humanas independientemente de la cultura o ubicación geográfica. Es así como existen melodías para estimular a los fetos in útero, música para acompañar el parto, diferentes rituales religiosos, y tomaremos como ejemplo la religión católica, melodías en las ceremonias de bautizo, primera comunión, confirmación, matrimonio, y honras fúnebres, entre otras. La música romántica, independientemente si se trata de música erudita o popular, ha sido fuente de inspiración para compositores de todos los tiempos. Música para enamorados interpretada frecuentemente en serenatas, melodías o canciones que frecuentemente las parejas consideran como “su canción de amor” y que recordarán el resto de sus vidas. Y para la ruptura amorosa, música de despecho que de alguna forma ayuda a sobrellevar la dolorosa experiencia que en ocasiones llega a convertirse en un duelo muy difícil de superar.

Adicionalmente, la música como herramienta social se evidencia a través de himnos que se interpretan y producen en las personas una modificación de su conducta: guardar silencio, ponerse de pie, y cantar la letra en ocasiones con la mano derecha sobre el corazón. Esto genera una sensación compartida de orgullo, unión, respeto y cohesión. La música también favorece la cohesión de grupos y forma parte de símbolos que identifican entre otras cosas, naciones, ciudades, instituciones educativas, equipos deportivos, entre otros (Figura 1). Lamentablemente existe también música reservada para condiciones bélicas, las famosas marchas de guerra que desde hace tanto tiempo se utilizan para animar a guerreros y soldados a sentir mayor energía para enfrentar la batalla.


Figura 2. Niños y niñas escolares interpretando el himno nacional de Colombia. Fuente: YouTube de la Presidencia de la República

Música y emociones

La música activa nuestro cerebro emocional, y puede producir, entre otras cosas, aumento de la frecuencia cardíaca y respiratoria, sensación de escalofrío y diferentes modificaciones afectivas como júbilo, llanto, entre otros. Incluso desde la mitología griega, se denotaba que Orfeo, hijo de Apolo y a quien se le atribuye la invención del arte de la música, a través de su lira y su canto “apaciguó las furiosas olas que amenazaban con volcar la nave de Jasón” y “logró conmover lo inconmovible: las implacables divinidades del Tártaro” (Piscoya, 1998, 151-152). Esto pone en evidencia que el conocimiento del impacto de la música en la regulación emocional se conocía desde la antigüedad.

Estudios de imágenes cerebrales han demostrado que escuchar música activa áreas del sistema límbico, la estructura central encargada del procesamiento emocional (Koelsch, 2009). Las melodías que nos agradan activan las áreas relacionadas con el bienestar, específicamente el “circuito de gratificación dopaminérgica”. La dopamina es un neurotransmisor descubierto en 1952 y vinculado desde 1955 a situaciones que generan bienestar y hace un poco más de una década, se ha podido verificar liberación de dopamina ante estímulos musicales.

Investigadores de dos instituciones académicas canadienses publicaron en 2011 un interesante trabajo relacionado con la liberación de dopamina al escuchar música (Salimpoor et al., 2011). En la investigación, los participantes seleccionaron música conocida y disfrutada por ellos. La mayoría clásica, pero también jazz, rock y música popular. También música de Led Zeppelin y de Dave Matthews. La más frecuentemente seleccionada fue el adagio de Barber. Luego de 15 minutos escuchando música, se llevó a cabo registro de la actividad cerebral en equipos de resonancia magnética cerebral (RMNf).

Se pudo observar activación de áreas ricas en receptores dopaminérgicos ante dos circunstancias:

1 – Escuchar la melodía preferida

2 – Anticipación – Tener la impresión que van a colocar la melodía preferida.

Es muy llamativo pues se trata del primer estudio en el que se demuestra activación dopaminérgica con un estímulo estético.


Palacios Sánchez, L., & Olaya Galindo, M. D. (s.f.). El maravilloso impacto de la música en el cerebro. Revista Nova et Vetera. Recuperado de https://urosario.edu.co/revista-nova-et-vetera/cultura/el-maravilloso-impacto-de-la-musica-en-el-cerebro/




Música para niños. (2023, 15 de marzo). El baile de los animales [Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=M6CZPZCk7ec

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